Mora en ti la semilla de un hombre nuevo, que espera ser liberada como ocurre con la princesa del cuento, que yace a la espera dormida en su castillo. Contiene aquella semilla todas tus aspiraciones de una vida mejor y diferente; pero tienes tú que cuidarla y en ese empeño irás encontrando la felicidad que anhelas. Creerás así en ti y en tu vida, que la sentirás en comunión cósmica con todo lo que te rodea.

   Por el contrario, la naturaleza de nuestro pensamiento actual nos está arrastrando a la extinción y lo que es peor, queremos corregir esa trayectoria con el mismo pensamiento que la ha generado. El resultado es, como estamos viendo, el aumento acumulativo de la decadencia. Para resurgir necesitamos el pensamiento nuevo que brota originalmente del Alfabeto del Pensamiento, el cual genera la necesaria Revolución en la Conciencia que nos conduce a emerger de dicha decadencia.

   Comienza así la búsqueda esencial, que descubre al hombre que realmente se es y que deja atrás, como un recuerdo evolutivo, al homínido actual que se cree ser. Queremos para ello, que germine la semilla en tu pensamiento mediante Revolución en la Conciencia. La semilla mora en ti esperando tu propio beso liberador, como anhela la princesa del cuento.

   Para liberarla, evita hacer comparaciones con otros conocimientos que ya poseas y no acumules estructuralmente las nociones que se te ofrecen. No se trata de más información lo que lees, sino de un conocimiento distinto que necesita su propio espacio para ser.

   Cada uno de los diferentes archivos de la página Web es además una invitación a tu mirada interna, para que acomode su enfoque y se abra al propio espacio de búsqueda en el que nace la Revolución en la Conciencia. Escucha dentro de ti esta alegoría:

LA PRINCESA Y SU DRAGÓN

   Mujer, es tan encantador tu femenino,
que un dragón lo custodia, fiel cancerbero,
en una cueva con puerta en velo fino.

   Si tu luz ve, que el sin par y armado caballero
lucha sin miedo a la muerte negra del dragón fiero,
pon las siete cabezas de su cuerpo antidivino
bajo la espada redentora, amor masculino,
y tu alma de alada princesa, a la que venero,
volará libre, sin límite y sin saber el camino,
que trazó el eterno destino.

   Yo princesa, te quiero.